|
Quienes lo padecen tienen hasta tres veces más
posibilidades de sufrir un infarto. Los especialistas también
sostienen que no hay que descartar en el estrés físico cierta
predisposición genética.
Eliana Galarza
egalarza@clarin.com

(Para ampliar la imágen haga un clic)
Todos conocemos a alguien a quien, de repente y con significativa
frecuencia, se le está cayendo el pelo. Otro que tiene resfríos
constantes. Un tercero al que le aparecen herpes o enfermedades
infecciosas en general. Y un último amigo, familiar o conocido que
prácticamente enmudece por inexplicables faringitis y laringitis.
Ahora se tiene certeza, por evidencias clínicas y casuísticas, que
esas personas pueden ser víctimas del estrés. Una afección que no
sólo puede manifestarse bajo la forma de ansiedad (la más típica)
sino que además puede provocar trastornos en cuatro áreas:
psicológica, neurológica, inmunológica y endocrinológica. Así se
demuestra que el estrés genera más afecciones de lo que se creía.
Esos son los caminos que por lo general utiliza para manifestarle al
cuerpo que algo no está bien. Y que si no se baja un cambio a
tiempo, ese trastorno se puede hacer crónico y transformarse en un
serio peligro para el organismo (ver infografía).
En boletines de divulgación sobre medicina del estrés, esta
situación suele definirse así: "El estrés primero le avisa al cuerpo
que algo no está bien; después le susurra y por último le grita".
Los gritos pueden aparecer en forma de dolencias cardíacas: una
persona estresada tiene entre 2 y 3 veces más posibilidades de
padecer un infarto agudo de miocardio. También puede tener problemas
gastrointestinales o caer bajo los oscuros influjos de la depresión,
entre otros.
Según estimaciones de la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés (SAMES),
del total de personas que van a consulta por esos síntomas que
podrían asociarse con ese cuadro, el 65 por ciento —luego de los
análisis correspondientes— efectivamente está estresada.
Otra forma, aunque indirecta, de tener una idea de cuántas personas
están afectadas por esta "epidemia del siglo XXI" es la ansiedad,
factor íntimamente asociado con lo que se conoce como "estresores".
En Buenos Aires y Capital Federal, las consultas por trastornos de
ansiedad son casi el 50 por ciento del total de las recibidas en
centros asistenciales públicos, según datos del libro Ataques de
pánico y trastornos de fobia y ansiedad, editado por el Fobia Club.
La cifra creció, además, un 20 por ciento en los últimos años. Se
calcula, a partir de esa estimación, que los niveles en la Argentina
serían similares a los de España y de los Estados Unidos, donde
entre un 20 y 30 por ciento de la población tendría posibilidad de
desarrollar un trastorno de este tipo.
Los relevamientos de la OMS señalan, además, que 3 de cada 10
personas en el mundo no pueden dominar su ansiedad y viven
estresadas.
"Las causas del estrés son dos: físicas o mentales (también
identificadas como emocionales). Las primeras tienen relación con
cierta predisposición genética a padecer este cuadro y las segundas
son comunes en mayor proporción en las mujeres", señala Daniel López
Rosetti, director de SAMES.
En los consultorios de medicina del estrés, a los pacientes que
llegan con estos síntomas se los somete a distintas pruebas y
cuestionarios porque son candidatos firmes a tener algunos de estos
síntomas instalados: ansiedad, depresión, fobias, pánico,
taquicardia, hipertensión, sudoración, dolor de pecho, alteraciones
gastrointestinales, trastornos del sueño y/o sexuales.
Si tienen esos síntomas en forma repetida hay que prestar atención.
Y no asustarse porque, a veces, la solución para el problema puede
ser tan sencilla como organizar mejor una agenda o programar mejor
los momentos de ocio y dispersión.
"Hay personas más vulnerables que otras al estrés, pero todos tiene
las mismas posibilidades de controlarlo. Para quienes trabajamos
para que lo puedan lograr está cada vez más claro que así como el
lienzo es el factor que unifica el contenido de una obra de arte,
como una pintura, el estrés es el lienzo en donde se pintan diversas
dolencias", explica López Rosetti, de SAMES.
Con esa analogía artística explica lo que todos los médicos ya
saben: el estrés puede atacar aun entre las sombras.
Sólo los
irresponsables parecen inmunes
Oscar Angel Spinelli
ospinelli@clarin.com
El estrés sobreviene cuando una
situación se torna insoportable. El trauma genera miedo e
impotencia. Lo que aparecía como una amenaza pasa a convertirse en
la razón de la existencia. El estrés no es cansancio, es el pesar de
no poder sobrellevarlo porque a lo que hicimos no le encontramos
suficiente sentido. Más angustia va alimentando la sensación de
hastío. Los argentinos sabemos mucho del asunto: sueños que se
esfuman; ¿alcanzará para pagar?; inseguridad ante la mirada del
otro; uno más que roba; trabajar exhaustos; ¿cuál será el futuro de
nuestros hijos?; ¿atenderán bien en ese hospital? Sólo los
irresponsables parecen inmunes al estrés.
Consejos
·
Respetar los ritmos
propios, en especial los del ciclo sueño-vigilia y trabajo-descanso.
·
Agende sus actividades con la máxima
anticipación. Eso ayuda a evitar el estrés por apresuramiento (esa
sensación de que uno no llega a hacer en el día todo lo que debería
hacer). A veces, con un poco de planificación se puede evitar ese
padecimiento. Algo más: en esa "agenda" del día, mes o año, tiene
que figurar el espacio para el descanso, para el esparcimiento, para
compartir con la familia y los amigos.
·
El manejo inadecuado del dinero suele ser motivo
de estrés. Determine en qué utiliza sus recursos y confeccione una
lista. Examínela a conciencia.
·
Aprenda a decir que no para poner límites.
Aunque no lo crea, ese recurso que parece tan sencillo puede
resultar uno de los elementos antiestrés más eficaces.
·
Coma sano (evite especialmente las bebidas con
cafeína porque su alta concentración facilita la activación del
estrés), haga ejercicios con regularidad, los aeróbicos, en este
caso, son los más recomendados.
·
Si puede, programe un momento del día para la
relajación y la meditación.
Fuente: "Estrés, epidemia del siglo XXI",
editorial Lumen.
Respuestas a
algunos mitos
Estas afirmaciones, tan arraigadas en lo popular, son
falsas:
·
"Los síntomas del estrés están sólo en la cabeza
y no pueden afectar realmente"
Lo que comienza en la
mente, puede afectar al organismo.
·
"Solamente los gerentes y los altos ejecutivos
están expuestos al estrés".
No importa la condición social o laboral. Un ama
de casa, con sus obligaciones y urgencias cotidianas, puede también
padecerlo, como cualquier persona.
·
"Cuando sobreviene, lo único que conviene es
tomar un sedante".
Tomar un sedante no resuelve nada. Si se analiza
la complejidad del mecanismo de producción del estrés, donde están
involucradas las funciones intelectuales superiores y el mundo
emocional, se puede ver que los psicofármacos no son la solución.
·
"Las vacaciones desestresan".
Si los problemas del
estrés no se resuelven en el medio ambiente en el que uno se
desenvuelve en lo cotidiano, reaparecen al reintegrarse a la rutina.
Además, en algunos casos las vacaciones, si la convivencia es
hostil, pueden ser en sí mismas estresantes.
·
"Mi trabajo y el ambiente laboral son muy
estresantes, y eso no tiene solución".
El estrés es el resultado de la interacción de
la persona con su medio ambiente. Por eso es posible cambiar
sensiblemente esa relación y modificar las propias conductas,
actitudes y percepciones. No es posible modificar el mundo exterior
pero sí se puede ajustar o mejorar la relación con él.
Los días más cortos, un problema
En los países nórdicos, el invierno largo, con
sus días cortos y su escasa luz natural hace estragos en el ánimo de
sus habitantes. Y no es una forma de decir. El otoño y el invierno
proponen cambios fisiológicos que resienten al cuerpo.
Es lo que se conoce como Trastorno de
Ansiedad Estacional o TAE. Según su definición, se presenta cuando
los días se acortan y la cantidad de luz que se recibe es menor.
Produce una alteración en el eje
psicológico/inmunológico/endocrinológico/neurológico y eso se
traduce en afecciones relacionadas con el estrés, como la depresión,
una de las más frecuentes.
Las mujeres son más vulnerables 3 y 4 veces más
que los hombres en ese aspecto. Lo bueno de todo esto es que se
puede controlar. En los países nórdicos utilizan la luminoterapia,
una disciplina que intenta que la gente tenga un mayor contacto con
la luz solar o artificial. ¿Consejos para la vida cotidiana? Dejar
que entre el sol: abrir las persianas, correr los cortinados. Ir a
lugares abiertos y leer durante la noche con buena iluminación para
prolongar la exposición lumínica.

VEA LA
INVESTIGACION CIENTIFICA
DEL PROGRAMA MEDITACION TRASCENDENTAL
 |